tunait.com

Bitácora de una leporcia

 
4 Mayo 2009

Momentos sub-realistas en un tren

Uso el tren para recorridos de cercanías apenas cuatro veces al año. Yo no creo que tenga tanta mala suerte de ir a encontrarme con escenas tan sub-realistas en cada una de esas cuatro ocasiones contadas anuales por lo que deduzco que debe ser algo cotidiano.

Los habituales del tren parecen no sorprenderse. Sin embargo, desde mi perspectiva, observo asombrada lo que es a día de hoy usar el tren (sin contemplar los retrasos y cabronadas propias de la empresa ferroviaria).

Sólo subir y sentarnos descubrimos en los asientos del otro lado del vagón a niño hinchapelotas hiperactivo. De esos que van como convulsionados mientras emiten sonidos sumamente irritantes y gratuítos. Nos levantamos corriendo a buscar asientos más alejados y sólo encontrábamos a más y más niños colocados de forma estratégica para que sea casi imposible que haya un rincón donde no sufrirlos. Al fondo del todo encontramos un lugar que parecía seguro.

No puede ser que coja el tren cuatro veces al año y a mi vagón se suba siempre el artista transhumante con su equipo amplificador portátil a atormentar mi viaje soportando el bésame mucho o a mi manera a un volumen excesivo. Deduzco que en cada vagón debe viajar otro como él.

Ayer, cuando llevábamos las dos primeras estaciones, subieron al vagón una treintena de adolescentes quinceañeros en manada (debería haber una ley que prohibiera que a estas edades se reúnan de a más de tres). Entraron como una rehala de vacas bajando de un vagón de carga de ganado mientras les dan varazos, mugiendo y sonando los cencerros y pisoteando por el camino. Se repartieron por el vagon como una plaga buscando asientos vacíos y nos tocaron dos de esos especímenes sentados delante de nosotros.

El especimen femenino llevaba la cara pintada sin medida ni criterio ni buen gusto. Le daba un aspecto ridículo y grotesco pero ella mantenía una postura digna de mira que buena que estoy. Se comunicaban entre todos a los gritos, con el músico transhumante tocando a toda pastilla de fondo mientras otro pasaba el platillo con una amplia sonrisa. Los especímentes adolescentes aplaudían entre canción y canción mientras sacaban cigarrillos que afortunadamente al final no enciendieron dentro del vagón (soy fumadora pero me mata el humo en espacios cerrados).

Cuando al fin los del ambiente musical se bajaron del tren los adolescentes descerebrados sacaron sus teléfonos móviles y nos obsequiaron a todos los presentes del vagón con más hilo musical. Pusieron esos artefactos del demonio a todo lo que daba el volumen con un sonido agudo e hiriente, carente de cualquier atisbo de bajos, su regeaton insoportable. Y lo digo en plural porque cada uno puso una canción distinta a toda pastilla y sonaba una cacofonía de agudos hirientes y melodías mezcladas. Me mataban los oídos y sentía cómo se me fundían las neuronas. Supongo que ellos no lo notan porque simplemente carecen de ellas.
Me imaginaba abofeteando a sus padres por comprarles esos instrumentos de tortura sin licencia.

Cuando tomamos el tren de regreso a última hora de la tarde subió otra manada de adolescentes. Por suerte no dieron la lata apenas pero sí que hubo uno que sólo subir se puso a hacer dominadas (flexiones de brazos) en una de las barras del vagón. Por un momento visualicé a los simios dándose golpes en el pecho, levantando un tronco para impresionar a las hembras.
cuando se cansó de hacer dominadas se quitó la ropa de cintura para arriba deleitándonos con su torso subdesarrollado de adolescente, manteniéndose inflado y de pie en el vagón para que todos le vieran. Bajó del tren sin vestirse de nuevo no sin antes meterse con el único grupo de adolescentes socialmente normales que iban sentados tranquilamente charlando de sus cosas. Mientras salía por la puerta les farfulló algo de “pijos y frikis”.

Tal vez el elevado precio de los billetes venga porque contemplan que el viaje viene con espectáculo incluído. No hace falta llevarse una revista para matar el tiempo. Puedes vivir una aventura tratando de mantener la salud mental mientras observas todas estas escenas y te preguntas si estás siendo víctima de alguna broma de cámara oculta.

Guardado en: General — helena @ 13:09

Deja un comentario

codigo de seguridá



©Bitácora de una leporcia funciona bajo WordPress